miércoles, 4 de agosto de 2010

CERCA DE LO REAL


Su padre fue uno de los escenógrafos más influyentes en el teatro popular y la TV. Recuerda un momento de su niñez viviendo en una casa repleta de tachos de pintura de diez litros amontonados y manchados como pintura de Pollock, respirando yeso seco y enchastrándose con el húmedo.
Después las cosas mejoraron. Ya hubo estudio aparte y casa limpia. Igual parece que lo marcó, porque eligió el arte en lugar de medicina, aunque esto último tenga algo que ver con su presente. Ya van a ver.
Vivió años en un pueblo de Italia, en una casa en la que había una tumba etrusca precintada por las autoridades arqueológicas, que no se debía traspasar. Allá conoció al dibujante Gustavo Trigo, de quien se convirtió en colaborador. Ahora que me acuerdo, muchos episodios de mi "Drakeldorf", publicado en Columba, llevaba sus fondos góticos. Las figuras de Trigo quedaron desnudas, cuando se retiró de la sociedad.
De verdad, no tengo idea de cómo fue su formación. Nunca se lo pregunté. Me basta con ver sus obras. Hiperrealistas las ictiográficas, cosa que conoce al dedillo. O algo poco más alejadas de esa línea, aunque no menos efectiva, como la imagen de arriba.
Fue una acertada decisión la de Antonio Presa, Jefe de Arte de la editorial encargarle la portada del comic-book de Khrysé.
Siguiendo un análisis clásico de ella, vemos a una chica morena, denotando alguien no europeo. Es lo suficiente hermosa para no advertirlo, de ahí su gesto desenfadado, seguro. Está alerta por algo que ha visto a su izquierda. Sentada en un bordillo su cuerpo ha entrado en una tensión que pronto va a convertirse en acción. Me encanta, repito, me encanta donde se puso la pistolita. Un desafío subliminal a los sacrosantos índex de aquella editorial.
La revista Noticias publicó muchas de sus ilustraciones como portadas hasta que descubrieron que cualquier tipo podía hacer montaje con photoshop y les costaba muchísimo menos. Se especializó en pintar con aerógrafo y hasta estudió japonés con la convicción de ir a vivir algún día al País del Sol Naciente, fuerte mercado donde hubiese sido recibido con los brazos abiertos y la chequera en el bolsillo. No se dio. Se quedó acá. Es que no le va tan mal.
Actualmente se nichó en el dibujo médico. Es decir, todas esas cosas asquerosas que uno puede ver en los libros de medicina. Trabaja para Alemania, gana guita y no lo saquen de ahí. Le deja tiempo libre para la pesca, segunda amante luego de su mujer. Les aseguro que ha destinado una salón completo de su casa a este hobby. Equipos para río, para costa y hasta de Alta Mar, cada cosa debidamente en su lugar.
Este es Eduardo Braccalente, amigo con el que cada tanto compartimos un asadito y algunas bebidas espirituosas. A veces, demasiadas. Ahora queremos probar ajenjo, que parece no haber una puta botella en todo Buenos Aires.

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