viernes, 17 de junio de 2011

MIEDOMETRAJES

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Por pura supervivencia, en este oficio, suelen alternarse los trabajos. Cuando empezaste uno, andá corriendo a buscar otro. Así fue como fui dialoguista en algunas tiras diarias para TV en Argentina y México. La experiencia fue buena, pero hubiese preferido ser el autor yo. Todavía cargo con esa deuda. Veremos en el futuro.
Igualmente, me di el gusto de ser el autor de el episodio de una miniserie para cable. Fue en Miedometrajes, producido en conjunto por Sparks, Flehner Films y Claxon TV, para su canal Infinito. Probablemente muchos la hayan visto. La miniserie se transmitió hasta el hartazgo por el canal con alcance en todas las Américas. Mi episodio fue “La momia Inca”, y se le concedió el mayor de los presupuestos entre los nueve, por lo cual resoplo de alivio mientras otros me odiaban por ello.
El proyecto nació de la cabeza de Gastón Pauls en 2006. Se trataría de un concurso de guiones abierto a autores de habla hispana. Estamos hablando de mucha gente, por lo que la estadística de ser elegido se reducía al mínimo. Debían durar 26 minutos y su condición especial era que debían ser rodados en la misma locación: una vieja casona de San Fernando, provincia de Buenos Aires.
El lugar ya era célebre por haber sido el escenario de una temporada de “Fear Factor” y los interiores de “Okupas”, ese excelente producto de Marcelo Tinelli, protagonizado por Rodrigo de la Serna. Hacía un tiempo que la Municipalidad la había comprado para restaurarla como museo y los trabajos tuvieron que aplazarse a causa del rodaje de “Miedometrajes”
La casona estaba destartalada pero tenía sus potenciales. Una fuente de agua, una capilla tenebrosa, grandes salas de ecos resonantes y pasillos oscuros.
Envié tres guiones al concurso con la espectativa de no ganar. Dos de ellos estuvieron entre los treinta finalistas y uno formó parte del grupo de los nueve ganadores, incluyendo alguno de México y otro de España. Entre el jurado se encontraba Alberto Laiseca. Todavía me cuesta creer que semejante tipo haya sido uno de los que pusieron el dedo y para decir: ¡este!
Más o menos, mi historia trata de un doctor en genética que secuestra ilegalmente del museo una momia de quinientos años de antigüedad perteneciente a una joven princesa mochica. De su ADN ha sobrevivido algo, aunque no lo suficiente. Este doctor tiene la disparatada idea de completarlo para revivirla. El mismo ha hecho la investigación. Sabe que el pueblo actual, cercano al yacimiento donde fue hallada la momia, es descendiente directo de la vieja etnia mochica, y que su sangre servirá para completar el resto.
El doctor ofrece dinero a cambio de sangre fresca. Muchas mujeres nativas y humildes se la venden con gusto. Pero en todos los ADN hay divergencias que imposibilitan su complemento. Hasta que llega una muchacha. Una dulce y bella muchacha nativa con la sangre exacta.
Mi doctor la contrata con júbilo para que se mude a esa casa, junto a él, y que no haga absolutamente nada, salvo dar un poco de su sangre cada día.
Es claro que los avances tecnológicos no permiten aún revivir un cadáver seco con ADN extraño, y el doctor lo sabe, pero cubrirá esa pequeña falencia con algo más poderoso: magia. Magia obtenida a través de antiguos talismanes rituales mochicas, también sustraídos ilegalmente del museo. Digamos que acá termina el segundo plot point.
Fui invitado de honor al rodaje. Gabriel Sagel, el director me preguntaba a cada rato cómo me parecía lo que iba viendo en el monitor. Pero soy guionista, no regista, y lo dejé hacer su trabajo sin interferir.
La preciosa actriz, modelo y abogada Eugenia Lencinas, tenía el exacto “fisic du rol” de la muchacha nativa. Durante el catering, los actores se habían sentado en una mesa aparte. El personaje del doctor lo interpretaba Luis Ziembrowski, que comía y departía alegremente a solas con Eugenia. Me senté descaradamente en su mesa y, a causa de mi curioso parecido con Ziembrowsky, les anuncié que había sido contratado como doble de riesgo en las escenas de sexo. A la Lencinas se le atragantó el sanguchito. Ziembrowsky me estudió con silencioso recelo. Velozmente les advertí que era una broma y que en realidad yo era el guionista. Durante la fiesta de presentación en las instalaciones de Flehner Films, Eugenia Lencinas procuró esquivarme toda la noche. No es que yo fuera a buscarla. Simplemente, cuando nos cruzábamos de casualidad entre la multitud, ella huía de mí como si creyera que iba a violarla. Lástima, hubiese sido el comienzo de una bella amistad.
La miniserie fue finalmente editada en DVD y distribuida internacionalmente por Happy Together. Arriba pueden ver el trailer rebautizada con el nada original “House of Horror”. Abajo, imágenes de la casa, planos y una fotografía obtenida en secreto por un paparazzo en los camarines de la momia, durante su merecido momento de relax.